El futuro se ha presentado: «Temet Nosce»

Hola. Sigo con una de las rutinas con las que me propongo pasar estos días de confinamiento. Con independencia de mi opinión sobre su origen, creo que nos puede venir bien a todos si lo sabemos aprovechar. Quizás no estemos en disposición de aprovecharlo desde el primer momento, pero os aseguro que vamos a tener tiempo suficiente para desarrollar nuevo hábitos, así que ya podemos elegirlos bien para crecer en este periodo, en lugar de sucumbir. En nuestra mano está.

Me gustaría contaros algo. Hace algún día hablé sobre libertad, un valor que hoy cotiza en máximos. Hoy escribo sobre el autoconocimiento. En general, todos tenemos muy poco de este valor. En este sentido tenemos mucho margen de mejora debido principalmente a la cantidad de rutinas impuestas y a los innumerables estímulos externos que recibimos. Además, suele existir algo muy significativo: huimos de ciertos pensamientos incómodos y ponemos el foco fuera de nosotros.

En estos días hemos recibido un aviso sobre lo que creo que puede convertirse en algo habitual en adelante. El aislamiento. Esto nos espanta a todos, sin embargo, creo que llevamos aislados ya mucho tiempo. Se da la paradoja de que nos encontramos encerrados pero estamos más conectados que nunca (y no soy el único que opina así). Tenemos relación con el entorno a través de numerosas vías de entrada, WhatsApp, todo tipo de redes sociales, teléfono, internet y un largo etc. Hemos creado incluso la realidad virtual, que nos permite ponernos unas gafas y experimentar viajes, tener sexo, hacer deportes, volar, etc. E incluso, mediante el IoT todos nuestros «cacharritos» están interconectados y la cafetera se enciende a su hora, la calefacción también y el móvil te avisa que tu amigo está cerca o de que tu marca deportiva es superior a la de tu vecino. Tan es así, que son muchos los que han decidido abandonar foros de amigos abrumados por la información que nos invade. Pero lo último lo acaba de publicar el Hub tecnológico Singularity, que es una alianza entre la Nasa y el propio Google. La inteligencia artificial (IA) está siendo capaz de detectar las próximas pandemias mundiales e incluso se habla de encontrar antídotos antes que los humanos.

¿Qué dirían de esto esos antepasados nuestros que sí tuvieron que quedar aislados de manera obligada, escondidos del enemigo durante meses, años? Sin luz (ni siquiera natural), ni agua, ni calefacción y ni mucho menos comunicación con el exterior. De hecho, muchos permanecieron escondidos tras anunciarse el fin de sus contiendas. Pues bien, a pesar de estar hiperconectados, nos sentimos encerrados.

En realidad lo que puede estar ocurriendo es que empezamos a sentir el pavor de tener que iniciar una relación con nosotros mismos, de escuchar lo que resuena ahí dentro, de percibir esas sensaciones que ahora afloran, de escuchar nuestra narrativa interna y de percibir los límites impuestos por nuestras creencias. Se abre ahora una oportunidad inmejorable para implementar nuevos hábitos. Es verdad que lo que más duele es abandonar la postura que hemos adquirido a lo largo de años. Llegamos incluso a prescindir de ciertos movimientos con tal de experimentar el dolor del cambio de posición. Sin embargo, cuando afrontamos ese desafío, enseguida percibimos que se multiplican nuestras posibilidades y se amplían los límites.

Pues bien, me temo que debemos afrontar ese cambio e iniciar una nueva relación con nuestro yo. Y debemos hacerlo cuanto antes, porque el futuro va a ser así. Tal y como dice el gran filósofo José Antonio Marina, el mejor indicador de inteligencia es saber elegir bien nuestras metas. Viviremos en un mundo hiperconectados en lo virtual y aislados en lo presencial. Y me temo que quien no afronte este cambio de manera proactiva y lidere esa marcha hacia el autoconocimiento quedará rezagado y tocado. La que estamos percibiendo estos días en nuestras casas, es la forma del futuro. Y por eso es tan importante hacer caso las enseñanzas griegas que predicaban sin cesar el aforismo «conócete a tí mismo». Cada uno de los maestros clásicos lo enseño a su manera, pero personalmente reconozco que tengo cierta debilidad con Pitágoras. Solía referirse al concepto de armonía con el universo (Armonía de las esferas) y realizaba rituales que predisponían a sus discípulos a encontrar esa vibración armoniosa. Lo que hoy llaman «buena vibra». Sin duda se trata de un camino nada fácil, plagado de trampas. Pero creo que es la aventura más maravillosa de todas y cuyos derechos todavía no han sido adquiridos por NETFLIX. Asomándonos a ese brocal, vislumbraremos los límites de nuestras creencias y podremos jugar con ellas antes de darlas una patada en sus cimientos.

Por concluir, me gustaría referirme a las emociones. Estas son las que configuran nuestra coraza/filtro. Unas emociones sanas filtran los estímulos externos y provocan sensaciones agradables. Unas emociones insanas pueden destruirnos. Es largo hablar de ellas, pero sugiero que empecemos a indagar en ellas desde la serenidad. Hoy llaman a la serenidad algo así como mindfulness.

Ese «conocete a ti mismo» que reza en la entrada del templo de Apolo sugiere que es necesario ese camino para poder entrar en su interior. Y parece en linea con el mandamiento cristiano «ama al prójimo como a ti mismo«. O incluso el viaje interior que predica el budismo como camino al nirvana.

Os dejo con la película «The Matrix«, que conjuga a la perfección esa realidad virtual con mensajes realmente potentes. Somos muchos los que opinamos que esta película encierra un mensaje interesante.

Disfrutad.

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