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ESTRATEGIA Reflexiones

El regalo de mi guitarra

Acabamos de terminar las fiestas del Club Pozuela de Toledo con un fin de semana enorme y cargado de experiencias de esas que se quedan grabadas en la retina formando parte de esos registros de los que suele tirar la memoria para recordarte qué es lo importante en la vida y espolvorear el aroma a felicidad. Muchos de los que me han visto me han recordado que este año me he tomado unas vacaciones en cuanto a la participación como organizador de las fiestas y por primera vez en muchos años las he vivido como invitado. Debo decir que ha sido mágico y muy gratificante comprobar cómo una organización ya vive de manera autónoma, magníficamente gobernado por su junta y sus socios. Algo parecido a lo que siente el niño que descubre que sigue pedaleando tras descubrir que su padre le ha soltado.

He podido recordar aquellos duros momentos pasados, allá por el 2.005, en los que el club se caía literalmente, sin una masa social que sostuviera la viabilidad económica y lo que era más importante, sin la ilusión y esperanza necesarias para compartir grandes momentos. En aquel entonces, sentí la necesidad de embarcarme en la aventura de intentar convertir el club donde viví mi infancia y que me aportó mis registros más importantes de felicidad y decidí presentarme ante los socios con un proyecto que ilusionara a los socios, con un equipo de confianza y “pelear” por recuperar un espacio y un ideal que fuera el generador de registros de felicidad para muchos otros niños y mayores. Alguien me recordaba este fin de semana aquellas palabras del discurso, lo que he agradecido de corazón porque muchas veces se queda uno con la sensación de que son palabras bonitas pero huecas.

Fue un discurso de “guitarra” como dicen algunos de los que me conocen bien. “Ya ha sacado Serranito su guitarra”, dicen de mí cuando “sueño” con posibilidades de futuro. Es un término que me hace gracia, pero en el fondo me enorgullezco de esta actitud gracias a la cual abordo causas perdidas, a las que me gusta quitarlas el polvo y sacarles el brillo para que vuelvan a lucir como estrellas. Gracias a que allá por el 2.005 saqué mi preciosa guitarra, he podido saborear a lo largo de esta semana el regalo que ha permanecido oculto durante más de una década. Recuerdo el estado calamitoso de las instalaciones, la actitud y el rostro de algunas personas que pelearon con ahínco para liquidar el club, las amenazas infructuosas y los esfuerzos para defendernos de impugnaciones y demandas judiciales. Pero al final de todo suele llegar el regalo y en este caso lo ha hecho en forma de rostros de niños, de gritos de felicidad, de risas e ilusión por participar en actividades. Ha sido un regalo demasiado grande y todo gracias a la GRAN JUNTA DIRECTIVA que tuve el inmenso honor de presidir y que decidimos dar un paso adelante con las únicas credenciales de unos ideales y de una guitarra vieja.

Hoy vivo también momentos de guitarra. Tras décadas dedicado al sector bancario, la última de ellas está siendo muy aciaga y desesperanzadora. Sin embargo, llevo años componiendo en silencio, tocando esa guitarra que tenía abandonada, que he tenido que afinar y gracias a esos entrenamientos  hoy tengo repertorio suficiente para hacer algunos “bolos”. Esos que me conocen bien me miraban con media sonrisa mientras comentaban mi actitud de guitarra, pero gracias a ella practico a diario con ilusión y me permite navegar en la sintonía que marcan esos ideales que mantengo siempre vivos.

Gracias al destino por recordarme durante este fin de semana que tarde o temprano llega el aroma de la recompensa tras los sueños e ideales de los acordes de mi guitarra. Sin aquellos delirios, no hubiera sido posible este regalo en forma de esta preciosa fotografía que condensa muchas emociones. Solo aparecen los niños de una generación, hay muchos más, cuyos rostros contrastan con aquellos amenazantes de entonces. En sus caras vi el regalo oculto de mis canciones.

Gracias a aquella grandísima Junta y al destino por presentarme ahora el fruto de todo aquel trabajo. Intuyo que más adelante vendrán los regalos de las canciones de hoy.

Os iré contando.

niños Pozuela

 

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