Icono del sitio José Luis Serrano

A mi edad.

Escribo para desentrañar lo que ocurrió. No tengo nada claro pero confío que este ejercicio me aporte alguna pista que me ayude a comprender. Estoy muy lejos de casa, en busca de una mujer que tiene mucho que aportar a mi futuro. Soy el principal sospechoso de un asesinato y no sé muy bien cómo he llegado hasta aquí. Hace solo un par de meses no habría podido ni imaginar una situación parecida.

A finales de agosto llegué a la bodega para hacer mi trabajo. Era un encargo más, de los que realizo casi con los ojos cerrados. Era uno de mis últimos trabajos antes de mi ansiada prejubilación, así que no debía arriesgar. Así lo encaré, pero aquel lugar me cautivó desde el principio. El enclave, el calor, la energía del río y las noches, sobre todo esas noches en las que todo parecía distinto. Eran interminables, cargadas de un calor soporífero en las que ella, esa mujer a la que he venido a buscar, se presentó ante mí como nunca antes había imaginado.

Pero fundamentalmente me dispongo a escribir sobre una de aquellas largas noches, cuando me adentré entre la oscuridad de la bodega tras escuchar un estruendo. Bajé las escaleras desorientado y bastante embriagado por aquella luna. Descendí como si se tratara de otro más de los enigmas que viví. Abrí la puerta de las instalaciones y ví ante mí una sombra. Luego recibí un golpe y no recuerdo nada más. A la mañana siguiente encontraron dos cuerpos en la bodega, el mio dolorido y un cadáver.

Pensé que todo quedó ahí, pero Eva me dijo que me había convertido en el principal sospechoso del asesinato de Alfredo, mi colaborador durante aquellos días; un hombre noble. Eva me lo contó con mucho misterio y con cierta emoción. Eva Mcannan era nórdica, con mirada de nieve. Me dijo que no me preocupara y que me pusiera en sus manos. Recuerdo el reflejo de mi sombra en aquellos ojos. No me tranquilizó en absoluto. Ella es todavía la conexión entre yo y el fondo de inversión, dueño de la empresa. Su ex pareja, Alejandro, fue hace escasos meses el CEO de la compañía, hasta que un buen día la dejó plantada a escasas semanas de su boda, para casarse con Dios. Desapareció del mundo y se encerró en un monasterio cercano a la bodega. Dias atrás de la noche de los autos conseguí hablar con él. Me pareció un gran hombre y para nada un cobarde. Intuí que su decisión de abandonar el inminente matrimonio y su puesto en la compañía estaba más que justificado. La actitud de Eva hacía mí, tan cariñosa y cercana, era bastante inquietante. Su ofrecimiento para que yo lo dejara todo para convertirme en el director de aquella empresa era lo que anhela cualquier consultor de mi experiencia. A mi edad estaba apunto de comenzar un declive en el que una masa ingente de jóvenes aprovecharía para devorar mis aspiraciones y con ellas mi reputación. No había mejor lugar que aquel para culminar un proyecto empresarial de manera brillante y sugerente.

Esta es la razón de estar aquí. Escribo todo lo que ha sucedido para intentar aclararme y mañana visitaré a la mujer que provocó que perdiera la razón durante aquellas noches. Ella no sabe que estoy aquí y tampoco que fue la razón de mis desvelos. Necesito que me lo cuente todo, aunque no estoy seguro que sepa que estoy perdidamente enamorado de ella. A mi edad. Sin embargo, hay algo que me hace pensar que ella lo sabe todo.

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