Icono del sitio José Luis Serrano

Por los caminos de letras

Ayer comencé la lectura de «Así empieza lo malo«. Pro lo que he podido averiguar, cuenta la historia íntima de un matrimonio narrado por un joven testigo. Está narrado en una primera persona singular, que es una voz desde la que me gusta permanecer en el desarrollo de una novela. Es sugerente pero tiene un peligro. Y es que es fácil perder verosimilitud. Es necesario dotar a la voz de mucha honestidad. Tiene otra dificultad, la de no poder contar cosas que el narrador no ve. No es omnisciente por lo que se limita a explicar lo que ve, imagina o escucha. Javier Marias hace una literatura exquisita solo por el hecho de narrar. Sorprende la manera de abordar la escena, con rodeos peculiares que describen el contexto sin exceso de adjetivos. Escribe como habla. Cuando se le escucha, da la sensación de que disfruta recreándose en las explicaciones porque domina a la perfección la narrativa y es capaz de verlo desde todos los ángulos. Además, su habitual jocosidad y sentido del humor deja siempre una peculiar cadencia que lleva a pensar que sabe más de lo que cuenta. Incluso lo que uno no sabe que desconoce.

Otros escritores no tienen más remedio que prescindir de esta manera de escribir tan interesante y basa el éxito (el que lo tenga) de sus escritos en la originalidad de la trama, ciertas sorpresas ocultas o algún tema que fascine al lector. Creo que el buen escritor es el que consigue que sus renglones derramen belleza. Y el excelente debe, además de eso, contar historias de cierto calado.

Sucede algo parecido a los ciclistas o cualquier paseante. Los hay que, como yo, dedican sus salidas a deleitarse con esas cosas que suelen ser gratis, aunque poderosas. Suelo comenzar sin saber muy bien dónde me dirijo. Enseguida, atraído por alguna fuerza irresistible, me oriento hacia el sol. Disfruto con los contraluces y con el juego de esos haces a ras del suelo que suelen impactar contra los terrones de nuestra tierra y los convierte en manchas alargadas. Me gusta fijarme en el espejo que forma la lámina del rio, por donde discurren los reflejos de las cañas de la orilla. Otros, sin embargo, descargan sus rutas a través de wikiloc y planifican el viaje con todo tipo de detalle. Usan GPS y controlan en todo momento el ritmo adecuado de salida, de llegada, y de cada escala. Sienten especial satisfacción al comprobar que la ruta se ajusta a la planificación. Podrían describir la experiencia casi sin necesidad de salir. Conocen el terreno por el que discurre, el nivel de dificultad, lo clasifican según el nivel técnico y de exigencia física. Es algo parecido a la manera de escribir de Arturo Pérez Reverte, capaz de documentar sus novelas hasta la extenuación, de portar los mismos objetos que llevan los personajes durante la historia, de monitorizar la estructura de la historia como si fuera una placa de rayos x donde se pudiera ver su esqueleto. Son dos maneras diferentes de disfrutar estos deportes.

Hoy, como casi todos los días, he hecho mi ruta. Os dejo por aquí el resumen que condensa las sensaciones del día, que hoy se concentran en la ruta en bici, por carecer el resto de interés documental.

Un gran saludo.

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