Icono del sitio José Luis Serrano

Reseña de la película «No mires arriba»

TítuloDirectorNacionalidadMúsicaVistaAñoPuntuación
No mires arribaAdam MckayEEUUNicholas Britell15/01/2220219

¿Es posible alcanzar ese estado en el que el llanto y la carcajada se sucedan a sobresaltos como la inspiración y la expiración? Al fin y al cabo lo importante es la respiración y no tanto la manera de hacerlo. Sí se puede, lo he visto en esos momentos de histeria provocados por algo inesperado que nos presenta una información de sopetón y que puede llegar a que nos cuestionemos esas cosas importantes como son la identidad, la seguridad, etc. Esto mismo refleja las críticas de esta película. Una parte la aclama y otra la detesta, tal y como le sucede a la propia sociedad, polarizada hasta el absurdo.

Hay momentos en los que de repente uno adquiere la lucidez necesaria como para saber interpretar la realidad de manera verosímil. Al levantarnos por la mañana nos arreglarnos frente a ese reflejo que nos ofrece el espejo. Pero un buen día, un rayo de luz, una foto, una nueva postura hace que descubramos ese ángulo que nos muestra aquello mismo que tanto despreciamos en otros. “No mires arriba” representa ese ángulo. Cuenta con un gran reparto que contribuye a sostener la sátira. Una incombustible Maryl Streep encarna a la presidenta de los EEUU, que es una especie de Trumpito y Leonardo DiCaprio representa el papel de un observador espacial desfasado y gordo que sin embargo despliega un irresistible magnetismo sexual.

La cultura expresa una inquietud social. En una película confluyen varios lenguajes que conforman un mensaje, todos engranados hasta conseguir que el resultado guarde cierto equilibro. La música, el guion, la fotografía, el vestuario, el ritmo, los encuadres forman parte de eso que quiere decir el director. Es una película que debería formar parte de esas muestras de la humanidad que se entierran bajo la primera piedra de las grandes obras o en las visitas a la luna para que los marcianos imaginarios puedan conocer de qué vamos los humanos.

La película nos sitúa ante el anuncio por unos observadores espaciales de que en unos seis meses la tierra recibirá el impacto de un asteroide de tamaño considerable y la humanidad se extinguirá. Es decir, nos presenta el problema más grave que puede haber para el ser humano. No se me ocurre otro más grave. La trama gira en torno a las reacciones sociales que despierta el inminente fin global. Es una información que el aparato necesita procesará al modo convencional.

¿Cómo está organizado el aparato que gobierna la sociedad? Para alcanzar a ver ese ángulo muerto de nuestro reflejo como sociedad preferiría hacer la pregunta de otra manera. ¿De qué se alimenta el monstruo que dirige nuestro destino? Mckay pone al lado del gobernante más importante del planeta a un afiliado Premium platino, que es en definitiva el financiador que ha situado al gobernante en el despacho hasta el momento en que decida dejarle caer. Es una especie de ameba dominada por la tecnología y cuyo cerebro adolece de la parte que hizo célebres a los componentes de la escuela de Atenas. El monstruo tiene la particularidad de ver a la sociedad mediante formas algorítmicas, audiencias, sondeos… y tiene una máxima: que la realidad no nos estropee este bonito entretenimiento virtual.

La realidad dejó de serlo a sus ojos y su aparato digestivo es capaz de triturarla para absorber datos y defecar el resto. Divide el alimento en dos, polarizando hasta el absurdo; cada parte se etiqueta con un eslogan, de diferentes colores a poder ser; elegimos a nuestro héroe de entre todos los muñecos almacenados en la cesta de juguetes, aunque haya que recauchutar algunas partes; escribimos el relato del vencedor sin olvidarnos de que el gran derrotado debe pasar a la historia como tal.

Misión: la vida como espectáculo de una lucha.

Y para terminar este post traigo a colación la escena final en la que el director se carga de un plumazo, tan cómico como sorprendente, la razón de ser del aparato. La película cumple magistralmente lo que promete y la sociedad enseguida ha actuado: a un lado los detractores y a otro los defensores. Y tú, ¿a qué lado te sitúas?

Os dejo con el trailer mientras lo pensáis 😉

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