Icono del sitio José Luis Serrano

Reseña de un clásico: «Otra vuelta de tuerca»

¿Por qué esta obra de Henry James se ha convertido en un clásico? Esta pregunta hizo que me decidiera finalmente a leerla. La oferta literaria es acumulativa. Cada día surgen nuevas obras que pasan a engrosar la «babilónica» sala de espera de potenciales lecturas. Pero a la hora de decidir tengo varias premisas claras:

Los clásicos lo son porque cuentan algo trascendente y de manera original, pero también es necesario empaparse de las obras actuales. A través de la narrativa histórica uno se hace una idea de la historia y la evolución de la humanidad.

Como respuesta a la pregunta inicial diré que es sorprendente la manera en que el autor maneja el terror. Solo unos pocos son capaces de contar algo distinto a lo que se escribe. Los grandes cuentistas tejen la verdadera historia en unas lineas que en la distancia corta no permiten ver lo que en realidad el autor pretende decirnos. A partir de aquí surgen infinidad de preguntas que se desprenden de esa nube de lectores que cada día está más empapada. Esto es lo que tiene convertirse en un long seller.

En navegación oceánica existe un factor determinante que no se ve. Uno puede patronear el buque observando el viento y su impacto en la vela y sin embargo algo subyace bajo el casco que es lo que verdaderamente determina la eficacia en la navegación. Son las corrientes, que no se ven pero son fuerzas que empujan al barco en una dirección concreta.

Algo parecido sucede con esta historia. Henry James hace que nos fijemos en el chapoteo de las olas contra el barco y los capotazos de las velas y sin embargo se intuye una corriente de fondo que empuja en una deriva en dirección a una orilla insospechada. Solo al cerrar el libro comienzas a intuir la verdadera historia. Cuando lo hice investigué sobre el trasfondo de la historia y lo que leí vino a confirmar mis sospechas.

Al respecto de la verdadera historia oculta existen muchas teorías. Algo parecido me ocurrió con «Bartleby, el escribiente» de Herman Mellville, que inspira a movimientos sociales que reivindican una manera de ver la vida. Esta es la verdadera razón por la que los clásicos llegan a serlo. Pero no a todo el mundo le apetece tener que divagar sobre esas posibles intenciones del autor y prefieren asistir a una narración concreta donde no haya más que lo que se lee, como la novela policiaca, por ejemplo.

En «Otra vuelta de tuerca» el principal protagonista es la ambigüedad, la ausencia de certidumbres que el autor siembra entre lineas para que germine ese estado que fecunda imaginación. Narrar en primera persona es un riesgo porque es fácil perder credibilidad si no se arma bien el discurso. En este caso se consigue a la perfección aun otorgando a ese narrador unas crecientes dudas sobre su confiabilidad.

Es una novela corta compuesta de miradas en silencio, donde unas ven y otras no. O quizás ven pero no quieren mirar, o deciden callar. Está tejida a base de sensaciones congeladas, de esas que producen cuando un arquetipo recibe unos atributos antagonistas, como es la fría inteligencia de un niño.

En definitiva, es tal esa ambigüedad que uno termina su lectura con mayor incertidumbre que antes de abrir sus tapas, sin embargo, agradece profundamente ese estado de duda. Una manera efectiva de hablar de fantasmas sin decir nada de ellos.

Llevar al cine esta obra es crear otro tipo de mirada con la que podemos o no coincidir. Os dejo por aquí el trailer y podáis tener un anticipo audiovisual de la historia, aunque para mí no tiene nada que ver con leer la novela original.

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