Icono del sitio José Luis Serrano

Liderazgo en defensa del Tajo

El Tajo es el río más largo de la península Ibérica. Tranquilo, querido lector, porque no voy a soltar la perorata de dónde nace y por dónde transcurre. Pero sí voy a hablar de su muerte, que no tiene por qué ser lo mismo que la desembocadura. Esto último sigue haciéndolo, allá por Lisboa, en el atlántico, como todo el mundo sabe ya.

Morir lo hace antes. Aunque podríamos decir que su curso natural es desde el centro peninsular hacia el oeste, una faraónica obra de ingeniería —fuente WWG Adena— desvía su curso hacia el este peninsular, de modo que vierte una nada desdeñable cantidad de sus aguas al río Segura, que desemboca en el mar Mediterráneo.

Este trasvase pincha las aguas puras y cristalinas que bajan de la sierra y se acopian en los embalses de Entrepeñas y Buendía, en la provincia de Guadalajara. Pero el curso del río Tajo sigue por la Comunidad de Madrid, donde gran parte del tejido industrial del valle vierte en él sus residuos. ¿Cuál es el resultado? Un famélico hilo de compuestos químicos atraviesa la península ibérica en dirección al Atlántico, sin tiempo de recuperar la calidad de su aguas. Por eso digo bien cuando aludo a su muerte al poco de su maravilloso nacimiento. Ya puede latir con brío Albarracín que gran parte de las aguas que brotan de él nunca llegarán a ese océano al que la naturaleza le orientó. Siempre pensé que esa conexión entre un océano y un manantial genera una energía especial.

En Junio del 2022 se cumplirán 50 años desde el día en que la alcaldía de Toledo publicó un bando prohibiendo el baño en el Tajo. Aquel día los ciudadanos sabían ya lo que pasaba por su ciudad y quizás pensaran que era algo puntual y que en breve se repararía esa fuga de residuos o lo que fuera aquello que tanto recelo levantaba. La clase política de aquel entonces alardeaba de la gran obra de ingeniería del trasvase, del fabuloso crecimiento industrial del cinturón de Madrid y de la gran responsabilidad de los grupos políticos locales que velaban por la salud de sus ciudadanos al prohibirles el baño. Nunca hubo un liderazgo suficiente para elevar el tono de voz y alertar de que lo que se estaba produciendo era un grave atentado.

Un dispendio de recursos económicos para financiar la mega estructura del trasvase sin siquiera recaer en el uso que la cuenca del Segura y sus “patronos” darían a este regalo con el que muchos se lucrarían; usurpar un recurso natural a muchos vecinos de las ciudades ribereñas del Tajo y que supusieron su principal y única, en muchos casos, fuente de ingresos; incapacidad de planificar una estrategia sostenible como ciudad ribereña; circulación de vertidos químicos por toda la cuenca hasta su desembocadura con la consiguiente aniquilación de especies animales y vegetales y un largo etcétera.

Antes he aludido a la ausencia del liderazgo, tanto político como social. Salvo cuatro personas de buena voluntad con grandes ideales pero nula eficacia, nadie defendió un río, no ya solo por razones medioambientales, sino incluso económicas que podrían haber impulsado un turismo «verde» en la región, una de sus escasas fortalezas. Sin embargo hoy sí creo que existe un liderazgo definido que pone bastante cordura e inteligencia a esta defensa. Y no lo hace con “pólvora del rey”, sino aunando la, ojalá masiva, participación de la comunidad, a través de muchas pequeñas cantidades de todos los ciudadanos concienciados. Desde que un buen día alguien decidió apoyarle, y a ese discreto “alguien” habría que agradecerle lo suyo, esta persona defiende causas nobles desde una prestigiosa atalaya. Hace tiempo le leí una opinión en la que manifestaba que las movilizaciones contra el trasvase eran contraproducentes por la escasa influencia y abogaba por otras estrategias más eficaces.

Ya desde hace tiempo que su trabajo se deja notar y cada vez que encuentra oportunidad es capaz de dotar de cierta repercusión a medidas sutiles pero efectivas. Por ejemplo, ya se sabe que instalar una “webcam” en la terraza de la “Roca Tarpeya no va a solucionar nada, pero sí forma parte de una batería de medidas que conforman esa lluvia fina que todos esperamos que termine calando en la sociedad.

Eduardo Sánchez Butragueño, desde la “Fundación Toledo” y como miembro de otras reputadas y prestigiosas instituciones largas de nombrar, ha promovido una de esas iniciativas a las que nos tiene acostumbrados con su “Toledo olvidado”. Siempre a favor de la defensa del patrimonio comunitario. Y yo, desde este blog, que es mi humilde atalaya, no solo informo del orgullo que tengo al haberme convertido en “micromecenas” de este proyecto de financiación en masa para tratar de movilizar y concienciar a todos los individuos de la sociedad, dado que solo así podremos acabar con este tipo de aberraciones. Y esto hay que hacerlo no solo para recuperar el daño provocado sino para divulgar que las cosas no se pueden hacer así.

Los gestos son poderosos y condicionan conductas futuras.

Y será a través de la música como se difundirá el mensaje de movilización, evitando megáfonos, insultos y eslóganes de usar y tirar. Decenas de grandes músicos toledanos con proyección internacional de diferentes estilos apoyarán el evento y ojalá sea la semilla de un festival anual por el rio Tajo. Hay que joderse, qué sentimental suena esto de imaginarse a cantautores enarbolando eslóganes. Y es que cuando a uno le usurpan una parte de su identidad y reparten prebendas sin tener en cuenta las consecuencias negativas, hay que movilizarse.

Enhorabuena Eduardo por tu iniciativa, por tu capacidad de liderazgo y por tus ganas de complicarte a favor de asuntos de enjundia social.

Foto obtenida del diario ABC Toledo

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