Icono del sitio José Luis Serrano

Redes sociales, esculpiendo epitafios

Martin Seligman es un psicólogo norteamericano, presidente de la Asociación de psicólogos de este país, profesor de la Universidad de Pensilvania y director del centro de psicología de dicha universidad. Además es autor de numeroso publicaciones y libros sobre cómo entrenar la felicidad y el optimismo. En 2002 desarrolló la teoría de la auténtica felicidad, que concluye que no solo es posible alcanzar el estado de felicidad sino que es posible cultivarla utilizando las características de cada persona, con independencia de cuales fueran estas. Incluso se puede medir según la satisfacción de cada uno con respecto a su vida.

Todo partió  de la teoría de Aristóteles, según la cual todo lo que se hace en la vida tiene como objetivo último la felicidad, que podría estar dividida en tres elementos:

1.- Las emociones positivas.

2.- El compromiso con alguna actividad agradable.

3.- El propósito o sentido que le damos a todo lo que hacemos.

Según Seligman, las emociones positivas cobran un papel especial, lo que da una idea de su importancia en la educación y pone el foco en el trabajo con estas en lugar de hacerlo con las negativas.

Puede parecer lógico porque las emociones ocupan espacio y si desarrollamos las emociones positivas conseguiremos al tiempo reducir la importancia de su par. Así, fomentando la alegría reducimos la tristeza.

Cuando nuestras acciones diarias sirven a un propósito de cierta calidad puede surgir la felicidad. Desde este punto de vista no es descabellado pensar que llevar un diario de acciones nos ayudaría a reforzar dicho estado por cuanto estaríamos dejando constancia de nuestro compromiso con su búsqueda. Pero supongamos que este diario fuera capaz de registrar no solo nuestros escritos sino todo tipo de expresiones, tales como locuciones o incluso fotografías y videos o composiciones con reflexiones de cierta belleza que, aunque esta sea subjetiva según culturas y épocas, siempre refuerza el sentimiento del autor.

Sería fantástico llegar a la vejez y poder ojear nuestra vida en imágenes. La película de nuestro paso por este mundo y a buen seguro que nos reiríamos de muchas de las preocupaciones que tuvimos, reviviríamos muchas risas que nos echamos, abrazos que nos dimos, etc.

Desde este punto de vista, no hay duda que las redes sociales podrían ser ese diario que registrase esas acciones que fomentan las emociones positivas y que conformarían el relato del propósito del usuario.

Ya supongo que el próximo producto que ofrecerán las redes será el resumen de la vida de los fallecidos como epitafios digitales. Ya ofrece resúmenes anuales, debe ser que están preparando el producto estrella. Pero si esto sirviera para que adquiriéramos consciencia y perspectiva del uso que se le da a una existencia, sería genial. Esta idea de ver en perspectiva nuestro paso por estos lares me resulta bastante útil, la verdad.

¿Sabe alguien de algún cementerio que haya alcanzado un acuerdo con Facebook para insertar pantallas interactivas en las lápidas donde poder visualizar su epitafio digital? Al tiempo.

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