Icono del sitio José Luis Serrano

Los verdaderos ricos

No es fácil encontrarse con personas que se identifican con su trabajo pero es un acontecimiento que disfruto mucho. Se trata sin duda de una bendición. No en vano, el entorno laboral es el lugar donde transcurre una gran parte de nuestro tiempo. Asumimos las bendiciones como caídas del cielo, pero no siempre es así. En este aspecto no soy tan determinista, sino más bien conductista, es decir, tenemos cierta autonomía en este área. Iba a decir responsabilidad, pero esto ya es más subjetivo. El caso es que parece una propuesta inteligente convertir una necesidad en virtud, es decir, convertir al trabajo en una actividad motivadora e ilusionante. Pero existen dos tipos de personas en esta situación. Los que perciben su trabajo como una  herramienta para obtener algo a cambio, ya sea salario o cualquier otro tipo de reconocimiento o contraprestación y aquellas que asumen su dedicación como una misión en su vida. Sin duda que las dos  son afortunadas pero entre ambas hay una sutil diferencia: el propósito.

Toda acción tiene un propósito, consciente o no. Uno de los principios de la PNL (programación neurolingüística), disciplina fundada por el matemático Richard Bandler, el lingüista John Grinder y el psicólogo Frank Pucelik, doctores en psicología, a principios de los 70 en la escuela de Palo Alto (USA), es el de que

todo comportamiento tiene una intención positiva. No quiere decir que todas las intenciones resulten edificantes.

Según este enfoque, la razón por la que alguien que fluya en el trabajo puede ser que sea puramente económica, o que le venga bien para olvidar algunos asuntos o para no estar presente en otros lugares o calmar alguna inquietud mental. Pero hay un nivel más profundo y es cuando se consigue dotar de un significado a esa actividad laboral o profesional y este se identifica con el propósito del trabajador, con su “para qué” vital.

Así, por ejemplo, un miembro del equipo de limpieza del servicio de urgencias de un hospital puede percibir su trabajo como un mero medio para obtener un (siempre exiguo) salario con el que afrontar necesidades básicas o puede percibirlo como una actividad clave a la hora de que los familiares angustiados de los ingresados tengan una estancia lo más agradable posible durante unas horas desesperadas en las que esperan a que su ser querido se recupere.

O incluso más allá. Sentirse como un verdadero especialista en generar entornos de energía positiva.

La diferencia es posiblemente pasar de una habitación en el mejor de los casos sin desechos en el suelo a una sala brillante, perfumada, ventilada y limpia en la que se puede sentir la mano de alguien sensible.

Admiro a esas personas de mirada serena, sonrisa esbozada, brillo en los ojos y tacto cálido, que sienten que están cumpliendo con una misión en la vida. El trabajo es el mismo en ambos casos, pero la remuneración es infinitamente mayor para el afortunado que se siente en plena misión.

Estos son los verdaderos ricos.

Entreno al amanecer
Ir a la barra de herramientas