José Luis Serrano

Elefantes blancos y otras metáforas

«Colinas como elefantes blancos». Ayer me leí este breve cuento de Ernest Hemingway. Uno de los grandes autores que, sin embargo, hoy despierta algún recelo entre ciertos colectivos. Pero esto creo que corresponde más a su manera de vivir y su personalidad. En lo que a mí respecta, me suscita admiración por su gran personalidad, con la que intuyo que no debió ser feliz del todo y porque a pesar de esa energía supo adaptarse a base de humildad para que una buena literatura terminara calando en él. No es que uno pase por la universidad, es que hay que dejarse que la universidad pase por uno. Este cuento es muy breve y tiene algo que agradezco mucho. Su final invita a pensar. Cada día me gustan menos los cuentos que terminan en una especie de «chim pum».

Aprovechando la metáfora del título, solo quería plasmar una reflexión. Me gustan las metáforas, las agradezco en la lectura. Me gusta la poesía. Me encanta el lenguaje figurado porque incita a abrir la mente y establecer conexiones con la vida. Sin embargo, el público empieza a detestar este tipo de narrativa y busca solo una literatura fresca, ágil. Se prescinde de la belleza y el ornamento y busca acción. Prefiere entretenimiento a base de que sucedan cosas en detrimento de las descripciones que evoquen sensaciones. Esto me causa cierta tristeza porque creo que la comprensión de la existencia de cualquier ser humano está conectada con otras muchos planos de la vida. Esto de avanzar por un carril mecánico sin posibilidad de fundirse con otras realidades me comprime. Y este es un dilema que tengo a la hora de escribir. Mi corazón me pide lenguaje poético y metáforas, pero la realidad actual se impone. Hay que decir que este lenguaje es un desafío porque si esa poesía no es de cierta calidad, se suele caer en un ridículo espantoso. Pero me gustan los retos.

Lo más agradable del día de ayer fue el contacto con los míos. Durante una comida agradable con grandes amigos decidimos dar el paso de institucionalizar este importante evento y darle una periodicidad semanal. Un gran paso. Este tipo de acontecimientos dejaron de ser normales hace tiempo y es siempre motivo de alegría. Todos en torno a un buen arroz. Probaremos todos los tipos. Se admiten ideas y lugares ;).

Hay avances con respecto a «La cuarta semilla». Y siguiendo mi compromiso, seréis siempre los primeros en conocerlas. Dejaré constancia de cada pasito en este proyecto en las entradas de este blog. Ya puedo avanzar la ONG a la que irán destinados la totalidad de los derechos de autor generados por la novela. Se trata de una organización con la que vengo colaborando desde hace tiempo y que realiza una importante función con los niños más desfavorecidos. Es Aldeas Infantiles SOS. Es una organización internacional, que en España tiene centros donde acoge a los niños que lo necesitan y que se organizan en torno a un modelo infalible: la familia. No es una familia de sangre, pero sí es una familia de grandes corazones. Les agradezco mucho su colaboración con «La cuarta semilla». Espero aportar un granito de arena a su gran labor, premiada por el premio Princesa de Asturias, y contribuir con las ventas de un humilde proyecto. Es increíble comprobar lo bien que fluyen los proyectos impulsados con el corazón. Y más en estos momentos.

Y terminé el día cerca de unas de esas colinas como las de Hemingway justo en el momento en que pergeñaban la acogida del sol. Y a falta de poesía, buenas son las fotografías. Aunque hablamos de lo mismo.

Gracias por pasaros por aquí.

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