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El futuro nos lo presentan en un par de meses.

«Gobernar es prever»

, decía Émile de Girardin. Desconozco si Emile era un hombre lúcido, la verdad, pero su cita sí que lo es. A la política le corresponde gestionar y comunicarlo. Pero cuando la comunicación se convierte en un fin en sí mismo la gestión queda subordinada al interés del político, que busca la permanencia y no molestar a la audiencia demasiado.

Un político no tiene por qué ser un técnico en ninguna materia pero sí tiene que gestionar equipos de técnicos, quienes deben asesorar y ejecutar planes de acción siguiendo la estrategia del país. Pero, ¿quién define la estrategia de un país? ¿Qué plazo abarca dicha estrategia? ¿Tiene España estrategia? Bueno, ¿tenemos claro que somos un país?

Un país es un sistema organizado que pretende cierta prosperidad y/o bienestar. Por tanto, el primer paso es ser un sistema. No cabe duda que el sentimiento de pertenencia es una de las prioridades del ser humano, como ya indicó Maslow. Todo ser humano necesita y busca tener cubierto un sentimiento de pertenencia a un colectivo. Aporta seguridad y motivación de logro ante un desafío externo. Y todo sistema necesita unas reglas de funcionamiento que garanticen que todos los individuos se mueven en la dirección marcada.

Dicen los economistas que saldremos de esta crisis en forma de V porque los estímulos que han lanzado y los que vendrán propiciarán que cuando todo se normalice, la actividad económica rebotará de forma positiva. Pero, ¿sabemos hacia dónde rebotará esa V? ¿Tienen los países del mundo establecidas las estrategias para los próximos años? Por primera vez en mucho tiempo se va a producir una crisis brutal en todas las economías pero hay anuencia y coincidencia de todos los bancos centrales para proporcionar la liquidez necesaria hasta lograr la reconstrucción de dichos países. Pero esto tiene una lectura importante. No podemos pretender seguir invirtiendo en los mismos sectores que nos han traído hasta aquí. No podemos seguir dependiendo de los combustibles fósiles, ni podemos valorar la gestión de un país en función del número de millones invertidos en ladrillos o en número de camas; no por favor. Marc Vidal opina en su blog que quien ahora se gaste el capital en parchear no podrá construir algo nuevo y mejor y que cada país podrá afrontar el reto de diseñar su futuro de postguerra.

Los antropólogos y sociólogos, como Yuval Noah Harari, advierten en artículos como este, que en los próximos meses se van a sentar las bases del modelo mundial para el próximo siglo y deberíamos hacernos oír para decidir a qué queremos que se parezca. Y lo harán los políticos que hoy nos gobiernan. Sí, esos mismos que han minado la confianza en la ciencia. Pero esperen, antes de llevarse las manos a la cabeza, sigan leyendo un poco más. En los próximos meses se van a redefinir países y muchos adoptarán una forma mucho más autoritaria y otros más democráticas, empoderando a la sociedad. Y no hay tiempo para que el ciudadano se pronuncie en unas elecciones, ni mucho menos que nadie explique con claridad hacia dónde nos abocan. Buscamos liderazgo mundial pero no existe y los poderosos que ocupan los despachos gubernamentales son de todo menos sensibles dirigentes estadistas.

Adela Cortina lo explica muy bien en esta magnífica entrevista del también magnífico filósofo toledano José Antonio Marina.

«Lo peor que le puede pasar a la democracia es pensar que ya está conquistada».

Cada día que pasa es vital para contribuir a la conformación del nuevo modelo y lo más chocante es que lo tenemos que hacer desde el confinamiento. Esta crisis del covid19 provocará que los gobiernos realicen cambios de radical importancia en un tiempo récord y toda la sociedad debería contribuir en la medida que pueda.

El filósofo francés y uno de los pensadores más reconocidos del S.XX, Gilles Lipovetsky dice en este artículo que tras esta crisis se generará una gran desconfianza hacia los políticos porque el crecimiento tan vertiginoso de este virus surge por desequilibrios en los ecosistemas y en la biodiversidad, que han sido incapaces de impedir a pesar del clamor social. Llegado a este punto, propone un capitalismo integrador. Los medios de comunicación se han ganado la desconfianza de la sociedad al haber renunciado al control político y aumentar el pánico de las masas, convirtiendo las noticias en espectáculos bochornosos en favor de quienes contribuyen al mantenimiento de sus estructuras. Dice que los medios deben propiciar un acercamiento a la noticia de manera racional y emocional y no contribuir tanto a esa exuberancia irracional a la que se refirió Alan Greenspan justo antes del pinchazo de la burbuja de las puntocom allá por los 90.

Mantiene que la clave del modelo que tenemos ante nosotros está en la serenidad. Los estoicos lo llamarían amor-fati, que no es más que el amor al destino. Lo peor que le puede pasar a la democracia es pensar que ya está conquistada. Y no, la ingente cantidad de dinero que se invertirá en los próximos meses, debería ir dirigida a financiar una estrategia que pase por convertirnos en líderes en prosperidad y bienestar y es ahora cuando me mojo. Recordemos que el gobierno de España invertirá 200 mil millones de euros, el 20% del PIB, para afrontar esta crisis.

Y mi opinión es que para que la dirección de la ansiada recuperación sea efectiva, la inversión debe ir destinada a:

  • Investigación. Este es el verdadero motor de una sociedad progresista y no otro.
  • Tecnología: Inteligencia artificial (IA), internet de las cosas (IoT), realidad aumentada (RA), aplicaciones del blockChain a la vida real para simplificar procedimientos (BC).
  • Hub de innovación y semilleros de nuevas empresas potentes con incremento real de valor para los «stakeholders» (todos los grupos de interés involucrados) en lugar de únicamente a los «shareholders» (accionistas).
  • Incentivos a opciones laborales eficientes, teletrabajo en detrimento de políticas presencialistas y presentistas destinadas a calentar la silla. Se necesitan políticas de conciliación.

Basándonos en valores como:

  • Sostenibilidad: como requisito imprescindible. Si no, no tiene sentido nada.
  • Coopetición: cooperación eficiente en detrimento de competitividad destructiva.
  • Solidaridad: avanzar con políticas de mano tendida al débil, pero conscientes de que cada uno debe aportar al país y no exigir que el país le aporte a él. (RBU)

Para reconvertir, potenciar y liderar nuestras industrias punteras:

  • Turismo: Excelencia desde el respeto al medioambiente, ley de costas, penalización del turismo depredador y puesta en valor de nuestro gran tesoro: la historia y la cultura en un marco incomparable.
  • Ingeniería Civil: gestión de puertos, aeropuertos, autopistas con gran inversión en tecnología.
  • Automoción: apuesta por el auto autónomo y de energías limpias.
  • Energías renovables. Excelencia e implantación sin complejos. Somos líderes en horas de sol.
  • Agricultura basadas en tecnologías eficientes y sostenibles. Recuperación de ríos y reconversión de cultivos ineficientes.

Y obtener un desempeño excelente en servicios públicos:

  • Telemedicina: es más barato y eficiente una gran red a distancia de detección y atención de patologías que la construcción de megahospitales que tardan décadas en ponerse en marcha. Asistencia domiciliaria y especializada. Formación emocional y sanitaria. El control y el seguimiento a través de nuevas tecnologías ahorra espacios y tiempos de ingreso. Para el enfermo salir de casa es traumático.
  • Educación de vanguardia (emocional, financiera, e-learning)
  • Sistema judicial digital (no más ciudades de la justicia en favor de plataformas digitales eficientes)

Esto es factible. Si Hacienda lo ha conseguido, el resto también puede hacerlo.

crear el futuro

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