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Detenerse y que sucedan cosas

Esta estancia en mi centro particular de alto rendimiento está siendo fructífera. Al menos en cuanto a la práctica de alcanzar nuevos hábitos. Dicen que un hábito se adquiere en unos 21 días, así que creo que vamos a tener tiempo suficiente para adquirir unas buenas rutinas que sustituyan a otras no tan buenas. Así matamos dos pájaros de un tiro, aunque este dicho no sea políticamente correcto en estos tiempos. Espero sepáis disculparme.

La más potente señal de inteligencia es saber elegir bien los objetivos y el talento es la capacidad de emplear la inteligencia para alcanzar los objetivos. No lo digo yo, sino expertos como José Antonio Marina. Habitualmente nos dejamos llevar por sensaciones reconfortantes olvidando las referencias a largo plazo, por lo que no es tarea fácil esa de elegir bien y alcanzar esas metas.

Tampoco es cuestión de ir imponiendo objetivos a la gente o haciendo crítica a quienes procastinamos a veces en esta tarea, porque cada uno vive como mejor puede y quiere. Sin embargo, reconozco que siento una curiosidad irrefrenable por saber más acerca de esa energía que tienen quienes reconocen tener un profundo sentimiento de misión en la vida. Tener un propósito de vida es tener un tesoro. No son muchos quienes lo poseen, otros tantos lo han ido descubriendo poco a poco y el resto ni lo intuye ni tiene interés.

Supongo que en esta detección influye el medio en el que uno fluye, tal y como afirma Mihály Csikszenmihályi. Quien tiene una habilidad especial tiene un camino. Todo creador tiene un tesoro porque siente su creación como un propósito irrenunciable. Es como dar vida a algo y ese instinto es irrefrenable y está grabado en su ADN.

Pero cuando no reconocemos el rastro de ese destino anhelado y los días transcurren mientras avanzamos con esfuerzo y sin esa motivación extra de quien fluye con aquello que hace, puede llegar a convertirse en una tarea demasiado tediosa. Llegado a este punto, es preferible entonces hacer un alto en el camino y reconsiderar si merece la pena permanecer en esas condiciones. Cuando uno se detiene suelen ocurrir cosas. Los límites se ensanchan al adquirir presencia y entonces descubrimos diferentes vías alternativas que pueden ser determinantes. Se presentan corazonadas, intuiciones, rechazos o llamadas que pueden merecer la pena.

Surgen entonces senderos que hasta ese momento pasaban inadvertidos. Puede incluso que no estén despejados o que estén cubiertos de hierbajos. Si pones atención y sientes que tu corazón se acelera ante uno de esos senderos, no hay que dudarlo. Los primeros pasos pueden ser duros, pero si eres persistente y paciente, los resultados terminarán por llegar. Como dice Francisco Alcaide, en sus libros «Aprendiendo de los mejores«, después de mucho tiempo analizando el éxito, que la cualidad principal de quienes lo han alcanzado es la paciencia, es decir, mantener el esfuerzo el tiempo que haga falta hasta alcanzar el objetivo y la confianza en uno mismo.

Os dejo con una maravillosa secuencia de la también maravillosa película «La Misión», en la que su protagonista hace un alto en el camino y se funde con el paisaje a su manera. Entonces, las cosas suceden y surgen nuevas oportunidades. Dejaros fluir con esta secuencia protagonizada por Jeremy Irons y por la banda sonora de Ennio Morricone y dirigida por Roland Joffé en 1.986.

misión

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